
A comienzos de la década de los ochenta el Perú vivió el inicio de una demencial violencia política que duro más de veinte años. La miseria, la falta de presencia del estado y casi el desprecio de las clases gobernantes por los pobladores andinos fueron el caldo de cultivo para que emergieran grupos armados que prometían cambiar la realidad de pueblos históricamente ignorados. Obtuvieron el apoyo de jóvenes campesinos que sin ninguna expectativa de vida en el campo, se enfrascaron en llevar a cabo una demencial filosofía que costo más de 69 mil muertos. Tres de cada cuatro victimas fueron campesinos, en su mayoría solo quechua hablantes.
Santiago de Lucanamarca, un remoto poblado de Ayacucho en los Andes peruanos era en 1983 uno de las zonas bajo el control de Sendero Luminoso. Sus pobladores en su mayoría solo quechua hablantes, militaban y participaban de las actividades del “partido” hasta que hartos de la intolerancia y autoritarismo senderista deciden en secreto rebelarse de sus opresores.
La noche de carnavales de 1983 fue elegida para la rebelión, aprovechando la fiesta son asesinados más de seis senderistas y otros son entregados al ejército peruano. Olegario Curitumay uno de los mas queridos por el pueblo y principal cabecilla del movimiento terrorista no asistió a la fiesta, estaba en el campo con su novia. Enterado de estos hechos se esconde en el campo mientras sus padres ya ancianos y su hermano Baldomero son prisioneros y encarcelados para que delataran el paradero de Olegario. Días después con la promesa de que nada le pasaría y que le entregarían sus documentos para que se vaya de la zona su hermano Baldomero es seguido hasta el lugar donde se escondía. Capturado por las nuevas pseudo autoridades es encarcelado mientras se discutía su destino. En el pasado había sido un miembro muy querido por la población, su militancia se debía mas que todo a lo inquieto de su espíritu y a la rebeldía típica de su edad. Además era el jugador más querido del equipo de futbol local.
La decisión final sorprendió a muchos, de nada sirvierón las suplicas ni las promesas, Olegario recrimino a muchos que también habían sido senderistas y que no tenían derecho de juzgarlo, amenazó con denunciarlos al ejercito a todos los que ahora intentaban ajusticiarlo. Esto exaspero a sus captores que encolerizados por esta confrontación molieron a golpes y patadas para luego quemarlo vivo, pero las cuerdas que lo sujetaban se quemaron liberándolo. Olegario huyó del fuego con el cuerpo en llamas por más de doscientos metros cuando nuevamente es capturado y esta vez atado con alambres es golpeado para finalmente ser nuevamente quemado vivo.
Dos días después Sendero Luminoso entra al poblado y después de reunir a los pobladores en la puerta de la iglesia masacra salvajemente con hachas y machetes a sesenta y nueve pobladores incluyendo diecinueve niños. La masacre solo se detuvo por el grito de un niño que alertaba sobre la proximidad de los militares. La orden de masacrar sin gastar una sola bala la dio Abimael Guzmán líder de Sendero Luminoso en represalia por la muerte de Olegario y de sus mandos, pretendía sentar asi un ejemplo y escarmentar a otras poblaciones que intentaban también liberarse del yugo senderista. .
Una vez que huyeron los senderistas, los sobrevivientes ciegos de dolor y horrorizados con el espectáculo masacran a los padres de Olegario, incendian su casa y roban bienes y animales.
Baldomero Curitumay, el hermano menor que creyó las promesas de las autoridades y condujo a la captores de Oligario no pudo con el cargo de conciencia y acabo suicidándose diez años después de una vida de miseria y alcoholismo. Honorio, el hermano menor que estuvo lejos de todos estos sucesos y que estudiaba en Ica - una ciudad a orillas del mar- regresó a Lucanamarca a los días de la masacre solo para ver con horror y sufrir en carne propia el escarnio y oprobio de sus antiguos vecinos, golpeado, amenazado y maltratado, fue expulsado del pueblo no permitiéndole recoger ni enterrar los restos de su hermano. Actualmente de 49 años trabaja como cargador en un mercado de Ayacucho y sobrevive con menos de cuatro dólares diarios, aúnque ha logrado recoger los restos de su hermano, aun no le es permitido darle sepultura. Tampoco sus bienes le han sido devueltos y espera ser tomado en cuenta en las reparaciones civiles que el estado estableció según las recomendaciones de la “Comisión de